La FIEBRE Minera
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La Fiebre Minera

 

Factores que desencadenaron la fiebre minera

La fiebre en la Sierra Minera de La Unión tuvo como punto de inflexión una serie de factores que, de forma casual o premeditada, hicieron que volvieran las explotaciones subterráneas olvidadas prácticamente desde época romana. Así, el descubrimiento en 1939 de un filón argentífero bautizado como Jaroso en la vecina sierra almeriense de la Almagrera fue uno de los motores de arranque para la prospección y posterior explotación de la sierra unionense. A este casual hecho se le unió el nacimiento de la metalurgia, especialmente incentivada tras la prohibición gubernamental de la exportación de argentíferos, erigiéndose fábricas y fundiciones en Cartagena y La Unión.

En la Sierra Minera existían, además, gigantescas masas de carbonatos de plomo a ras de superficie, que fueron aprovechados con mínimas inversiones y esfuerzo por parte de empresarios y mineros. También conviene hacer referencia para esta nueva fiebre minera a una demanda exterior mucho más acusada. Los yacimientos se encontraban situados en marcos geográficos excepcionales, próximos al mar y por lo tanto cercanos a los puertos naturales de Cartagena y Portmán, facilitando así la exportación de carbones a gran escala. Las necesidades europeas para el desarrollo industrial y las características geológicas de la sierra hicieron que las producciones se basaran principalmente en minerales como la galena, plomo, cinc, calaminas, blendas y pirita (esta última a comienzos del siglo XX).

Nacimiento de La Unión

Así, tras la reactivación de la zona, el trabajo en la mina se convirtió en un foco de atracción laboral para habitantes de toda la región y sus provincias vecinas. La llegada de inmigrantes hace que crezcan los núcleos de población de la ladera norte de la sierra como El Estrecho, El Llano, San Ginés, El Algar, El Beal o Los Blancos. El 31 de diciembre de 1959 cuatro poblaciones de la zona, El Garbanzal, Herrerías, Roche y Portmán se segregarían de Cartagena y formarían un nuevo municipio. En 1868 el general Prim propondría el nombre de La Unión.

Nuevos tiempos, nuevas inversiones

A la nueva industria metalúrgica se unieron diversas inversiones en talleres de reparación de instrumental y ferramenta minera, realización de piezas para máquinas de vapor, pequeños negocios de manufactura de mechas o pólvora para los barrenos, así como una nueva y potente industria química que, desde finales de siglo, se instalaría en localidades cercanas como El Hondón.

Esas inversiones quedaron generalmente en manos de empresarios que hicieron primar sus intereses por encima de la rentabilidad futura de los negocios. Así salieron a la palestra familias como los Aguirre, Figueroa (Conde de Romanones), Cervantes, Peñalver, Dorda y, por encima de todos ellos, la familia Zapata, con Miguel Zapata Sáez, el tío Lobo de Portmán, al frente.

El capital con que arrancaban estas explotaciones permitió que durante la década de los 60' del siglo XIX se instalaran los primeros lavaderos gravimétricos de mineral. En 1874 se inauguró el primer ferrocarril que uniría Cartagena y Herrerías, en los 80' ya existían 14 máquinas a vapor en la sierra y se crearía en Cartagena la Escuela de Capataces y Facultativos de Minas.

A pesar de la inyección de dinero que supuso la minería, las explotaciones de la sierra unionense mantenían un minifundismo absoluto y una escasa inversión en tecnología, por lo que la región no contaba con una verdadera industria siderúrgica y la mayoría de fondos que entraban en este último sector provenían del extranjero. La dependencia de los mercados foráneos hizo que las etapas de crisis no tardaran en llegar a la zona.

Durante la primera década del siglo XX ya se atisbaba una dura época para la minería unionense debido a un sector en recesión, donde las minas cerraban por resultar ruinosas, propiciando un éxodo de familias mineras hacia otros lares. Algunas de las principales causas se pueden encontrar en la depreciación o cierre mercantil ocasionado por la I Guerra Mundial, aunque en la región probablemente se debía más a la descapitalización que impidió un avance en pos de la tecnología. El fin de la antigua minería de propietarios, concesionarios y partidarios (arrendadores) tenía sus días contados, la minería de la Sierra Minera no se recuperaría hasta la segunda mitad del siglo XX con la llegada de Peñarroya y las explotaciones a cielo abierto.